Relato corto: EL NOVATO

EL NOVATO

¡Corre, corre, corre! ¡Hop, hop, hop! Esquiva a ése, derriba a la anciana, salta sobre el cochecito de bebé sin que se te suelten los tirantes… ¡Mierda, los tengo ahí!

¡Agáchate, no te vayan a dar! Tienen puntería estos cabrones. Las pistolas no paran de atronar. Gira por aquí. ¡No, por aquí no! ¡Corre, métete en el edificio, te están alcanzando!

DetectiveLa he liado bien. ¡Quién me manda meterme a detective privado! ¡Joder, joder! ¡Pero bien liada! ¡Hop, salta la mesita! ¡Ahora por debajo de la bandeja del camarero! ¡Al ascensor!

Pues no, ¡mierda, no llego! ¡Se cierra! ¡A la escalera!

¡Ay! ¿Me han dado? No, casi. Una esquirla del azulejo donde ha rebotado la bala, nada más. ¡Corre, corre, arriba, arriba! Los escalones de tres en tres. ¡Menos mal que no hay nadie! Je, je, estos cabrones empiezan a perder fuelle, ¡menos mal! Quinto piso. ¡Arriba, arriba, hop, hop, hop!

¡Para ser el primer trabajito, menuda mierda! ¡Ni la heroína, ni la pasta, ni la tía! ¡Un fenómeno, joder, estoy hecho un fenómeno!

Ya jadean ahí abajo. Menos mal. Noveno piso. ¿El ascensor? ¡Coño, el otro gorila! ¡Agáchate, joder, que te va a dar!

Por los pelos, una me ha rozado la oreja. ¡Arriba, arriba, corre, corre!

Ya no oigo a éste tampoco. ¡Menos mal, se me acalambran las piernas! Vigésimo séptimo piso. Aquí mismo.

¡Ahora pasillo abajo, pero sin hacer ruido! ¡Allí al fondo, la puerta de la escalera de servicio abierta! ¡Dios existe! ¡Corre, corre!

¡Ya está! ¡Ay! ¡Mierda de escalera, casi me caigo! Tan estrecha y casi sin barandilla. No tengo espacio. Da igual, ya no me da tiempo. Quietecito, detrás de la puerta.

Joder, me van a oír. Seguro que el cañón de mis latidos se oye desde el ascensor. ¡Respira tranquilo, joder, tranquilo! Eso es, eso es, muy bien.

– ¿Por dónde ha ido?

– ¡Por aquí!

– No, ¡por aquí!

– ¡Qué cojones, por allá, hombre!

Los pasos de los gorilas ahí al lado. Quieto. No te muevas. No respires. Ni un músculo.

Los pasos se van. Vuelven. Se van. Vuelven. Se detienen.

El gorila se rasca la cabeza, confundido. Me han perdido. Se cabrea.

– ¡Mierda! – y le arrea una patada a la puerta metálica.

¡Vaya hostión! ¡Me chorrea la nariz, y no veo nada! ¡Qué mareo! Espera, ya… ¿Qué es eso?

¿Una farola… subiendo?

Enero 2013

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